Mujeres trabajadoras, ciudadanas y trabajadoras sociales en riesgo laboral

    Somos trabajadoras sociales y ayer a nuestra profesión se le apagó una luz, cuando leímos en las redes sociales, que un hombre agredió brutalmente a una compañera en Salt (Girona).

    26/11/2018. Nieves Gascón
    consejo general del trabajo social

    consejo general del trabajo social

    Quizás ese hombre y “usuario” de los servicios sociales tiene una historia y una situación que NUNCA justificará una agresión y menos un intento de asesinato.

    Quizás la compañera ha intentado anteriormente explicarle que la administración quiere que se integre, que sea “un ciudadano de bien”, con trabajo y sin prestaciones económicas.

    Quizás ese hombre necesitaba una terapia psicológica y medicación, o un ingreso en unidad psiquiátrica. Reitero que un intento de asesinato es un delito sin explicación.

    Una compañera gravemente herida y abierta en canal por un cuchillo agresor y por ser el retén de la falta de respuestas de protección, o por lo inadecuado de las mismas.

    Una triste metáfora para llegar a la conclusión de la vulnerabilidad y el riesgo al que se exponen miles de trabajadoras sociales y otras profesionales de la intervención social directa. Nuestros cuerpos son el único paraguas de autoprotección ante la desidia ciudadana, la falta de fe en las instituciones y el vacío discurso de los debates políticos actuales.

    Y permítanme añadir que somos mayoritariamente mujeres y también ciudadanas en un injusto orden patriarcal, donde nuestro trabajo y vidas son menos valoradas que las de nuestros compañeros. Que atendemos a víctimas y agresores para cumplir con el legítimo principio de igualdad de trato ante la ley. Que esos hombres, que son el infierno de sus familias, también nos cuestionan a nosotras, amenazan e intimidan en nuestros despachos, o aún con más riesgo, en la calle, o en sus propias viviendas, en visitas domiciliarias. Esos hombres que igualmente, creen que saben más que nosotras, las profesionales.

    De momento, ni la ley ni la administración, ni nada nos protege de forma adecuada y continuaremos ejerciendo con las manos vacías de recursos de protección social, y con las espaldas anchas para negar la tiranía patriarcal soportada por los valores imperantes, en un mundo de impunidad frente a la legítima violencia de los ciudadanos y la otra que es aún peor, la falta de protección estructural y laboral.

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