FSC-CCOO Madrid | 5 de marzo de 2024

Comité de la FSC de Madrid. Movilizaciones a la vista y plan de prevención de la salud mental.

    La federación anuncia movilizaciones de cara a los próximos meses. 

    27/05/2022.
    Cristóbal García, durante la presentación del plan

    Cristóbal García, durante la presentación del plan

    El comité de la FSC de Madrid debatió ayer los siguientes pasos a dar tras el fracaso de las negociaciones de cara a la firma del próximo AENC que la confederación sindical ha dado ya por finalizado para este año dada la diferencia insalvable con cláusula de revisión salarial. Teniendo en cuenta el crecimiento de la inflación, la inestabilidad e incertidumbre de los precios, la cláusula de revisión salarial es fundamental, como única garantía de mantenimiento del poder de compra de los salarios. Por su parte las organizaciones empresariales, mantienen su postura de no contemplar en un acuerdo general dicha cláusula de revisión, por lo que las partes han dado por cerrada la mesa de negociación para este año. Para explicar con detalle el proceso de negociación, estuvo presente la secretaria de acción sindical de la federación estatal, Silvia Rodríguez.

    Durante el intenso debate, se ha decidido incrementar la presión en las calles, dando todo el apoyo a los siguientes conflictos presentes: los próximos 1, 2 y 3 de junio, en la huelga de Correos, el 7 de junio, de apoyo a las y los conductores profesionales que realizan un trabajo penoso, sufren fatiga, trastornos del sueño, problemas cardiovasculares y respiratorios, estrés, exposición a ruido y otros trastornos, por lo que se pide el coeficiente reductor que permita la jubilación anticipada del colectivo. Por otro lado, el 13 de junio, se dará soporte a las concentraciones y apoyo a las y los trabajadores de contact center.

    Por otro lado, el secretario de salud laboral, Cristóbal García, ha presentado el “Plan para la protección de la salud mental en el entorno laboral. 

    La pandemia ha hecho que prestemos más atención a las enfermedades mentales y trastornos psicológicos. Son numerosos los estudios científicos que refieren un aumento considerable de afecciones psicológicas asociadas al COVID-19. Depresión, ansiedad, insomnio… son algunas de las enfermedades más diagnosticadas tras la superación del SARS-CoV-2 o durante los largos períodos de confinamiento y cuarentena. Pero el problema no es nuevo. Los sindicatos veníamos denunciando con mucha anterioridad el aumento de la prevalencia de este tipo de enfermedades y advertíamos que la precariedad y el deterioro de las condiciones laborales estaban afectando negativamente a la salud psíquica de la población trabajadora.

    Al igual que mucha gente va a trabajar con diabetes, hipertensión o asma, hay personas que acuden cada día a sus centros de trabajo con algún tipo de afección psicológica. Trastornos temporales o crónicos que pueden agravarse por las condiciones en que trabajan. Porque hay determinadas condiciones laborales y medidas relacionadas con la organización del trabajo que pueden impactar negativamente en la salud física, psíquica o social de las trabajadoras y trabajadores. Son los llamados factores de riesgo psicosociales. Cuando estos factores no se eliminan o minimizan, cuando no se controlan, pueden provocar estrés laboral. Pero si además persisten en el tiempo, pueden perjudicar gravemente la salud y ser la causa de la aparición o empeoramiento de enfermedades y trastornos físicos o psicológicos en las personas trabajadoras.

    Son muchas y variadas las formas en que se manifiestan los trastornos psicológicos. Normalmente combinan una serie de conductas, emociones, sentimientos que, con mayor o menor frecuencia, duración o intensidad pueden afectar a nuestra capacidad y relación con los demás. Apatía, desmotivación, cansancio, preocupación, miedo, desconcentración, pérdidas de memoria, angustia, irritabilidad... son algunas de ellas. Y cuando estos comportamientos se manifiestan en el ámbito laboral pueden perjudicar gravemente a quienes los padecen. Porque hacen cometer errores, tomar decisiones equivocadas, alteran nuestras facultades cognitivas, nuestra capacidad funcional... O nos inducen a conductas incorrectas, inadecuadas para el desarrollo de nuestro trabajo. Incluso a comportamientos agresivos que pueden poner en riesgo nuestra propia seguridad o la de los demás. Y entonces las consecuencias laborales pueden ser fatales. Porque en lugar de ir a las causas que los originan, a las condiciones psicosociales adversas que están en el origen de estas conductas, las empresas adoptan medidas disciplinarias o sancionadoras. O directamente recurren al despido.